La administración Trump anunció planes para desmantelar el Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR), una institución de ciencias de la Tierra líder a nivel mundial con sede en Colorado. La medida, revelada a través de una publicación en las redes sociales del Director de la Oficina de Administración y Presupuesto, Russell Vought, enmarca a NCAR como una fuente principal de “alarmismo climático” y promete “dividir” la organización.
Décadas de avance científico
Fundada en 1960, NCAR ha contribuido decisivamente a importantes avances en la comprensión del tiempo y el clima. Los aviones de investigación y los modelos informáticos avanzados del centro son fundamentales para pronosticar fenómenos meteorológicos, incluidos los desastres naturales, en todo Estados Unidos. Sus científicos también estudian una amplia gama de cuestiones ambientales, desde la contaminación del aire hasta las corrientes oceánicas y los efectos del calentamiento global.
Por qué esto es importante: erosión de la infraestructura científica
La decisión de desmantelar NCAR plantea serias dudas sobre el compromiso de la administración con la investigación científica. El centro se creó originalmente para proporcionar a los científicos recursos (como computación de alto rendimiento) que las universidades individuales no podían permitirse. Al eliminar un centro central para estudios climáticos y meteorológicos de vanguardia, Estados Unidos corre el riesgo de quedarse atrás en campos críticos de investigación.
Futuro incierto de la investigación vital
Vought afirmó que se reubicarían “actividades vitales como la investigación meteorológica”, pero los detalles siguen siendo vagos. Científicos, meteorólogos y legisladores ya han condenado la medida como un ataque a la ciencia, advirtiendo sobre el daño potencial a la preparación del país para condiciones climáticas severas y el cambio climático. El desmantelamiento del NCAR podría alterar los programas de investigación en curso que rastrean fenómenos climáticos extremos, modelan inundaciones y comprenden los impactos solares en la atmósfera terrestre.
Las implicaciones a largo plazo de esta decisión aún se están desarrollando, pero la medida señala un claro cambio en la política hacia restar importancia a la investigación climática y potencialmente socavar la capacidad de la nación para responder a los desafíos ambientales.
El desmantelamiento del NCAR no consiste simplemente en cerrar una institución; se trata de erosionar sistemáticamente la infraestructura que sustenta la investigación científica crítica. Esta decisión refleja una tendencia más amplia de disminución de la inversión en investigación ambiental, lo que genera preocupaciones sobre el futuro de la preparación climática de Estados Unidos.
