El cometa 3I/ATLAS, un visitante procedente de más allá de nuestro sistema solar, está experimentando una sorprendente transformación a medida que se aleja del Sol: pasando de tonos rojizos a verdosos. Este cambio de color no es sólo estético; proporciona a los astrónomos pistas valiosas sobre la composición y el comportamiento del cometa, ofreciendo una visión poco común de los materiales que se originan en otro sistema estelar.
El cambio de color explicado
Inicialmente, el cometa parecía más rojo a medida que se acercaba al sol, como resultado de que los gases en su coma (la nube de gas y polvo que rodea el núcleo) se calentaban y emitían luz. Este proceso ocurre cuando los materiales congelados se subliman directamente en gas, sin pasar por la fase líquida. A medida que 3I/ATLAS se alejaba del sol, comenzaron a escapar nuevos gases, algunos de los cuales emiten un tenue resplandor verde detectable por telescopios como Gemini North en Hawaii.
Este cambio es significativo porque demuestra cómo el cometa reacciona al calor solar y libera diferentes compuestos con el tiempo. Al rastrear estos cambios, los científicos pueden comprender mejor de qué está hecho 3I/ATLAS y cómo se comportan los objetos interestelares.
Las observaciones de rayos X revelan gases ocultos
Complementando las observaciones en luz visible, la nave espacial XMM-Newton de la Agencia Espacial Europea observó el cometa en rayos X durante casi 20 horas. Los rayos X, aunque invisibles para el ojo humano, se producen cuando los gases que fluyen del cometa chocan con el viento solar. Esta colisión revela gases como el hidrógeno y el nitrógeno, que son difíciles de detectar por otros medios.
Estas observaciones de rayos X son especialmente valiosas porque permiten a los científicos identificar gases que de otro modo permanecerían ocultos. Los datos confirman que 3I/ATLAS posee una composición única en comparación con los cometas formados dentro de nuestro sistema solar.
Un visitante interestelar poco común
El cometa 3I/ATLAS es solo el tercer objeto interestelar confirmado avistado, después de ‘Oumuamua (2017) y el cometa 2I/Borisov (2019). Viajando a aproximadamente 137.000 mph, es un visitante transitorio que no regresará, ya que fue expulsado de otro sistema estelar hace cientos de millones de años.
La alta velocidad del cometa es un detalle crucial: significa que el objeto está atravesando en lugar de ser capturado por la gravedad de nuestro sol. Esto lo convierte en una oportunidad excepcional para el estudio, ya que los científicos pueden analizar materiales de un vecindario estelar diferente sin las complicaciones de las interacciones orbitales a largo plazo.
¿Qué hace que 3I/ATLAS sea único?
Los primeros datos sugieren que la proporción de dióxido de carbono y agua del cometa difiere de la encontrada en nuestro sistema solar, y los investigadores han detectado cantidades inusuales de metales y polvo. A pesar de las especulaciones sobre naves extraterrestres, los funcionarios de la NASA enfatizan que las diferencias observadas son consistentes con un cuerpo cometario de un entorno estelar diferente.
Como lo expresó acertadamente el científico de la NASA Tom Statler: “Es diferente y, sin embargo, sigue siendo café”. En este caso, el cometa se parece a los cometas nativos de nuestro sistema solar, pero exhibe características únicas y emocionantes.
Varias naves espaciales, incluidas Hubble, James Webb y otras, han sido dirigidas hacia 3I/ATLAS para recopilar la mayor cantidad de datos posible antes de que salga del sistema solar. Las últimas observaciones también se comparten con el público a través de eventos telescópicos en tiempo real, lo que permite una mayor transparencia y participación en el proceso científico.
El estudio de 3I/ATLAS ofrece una oportunidad sin precedentes de aprender sobre la formación y evolución de objetos más allá de nuestro sistema solar, proporcionando información sobre la diversa gama de materiales que existen en toda la galaxia.




























