Las tecnologías emergentes que permiten a los futuros padres “puntuar” genéticamente los embriones antes de la implantación no son actualmente fiables, pero su potencial para exacerbar las desigualdades sociales existentes es muy real. Las empresas ofrecen ahora selección poligénica de embriones (un proceso que utiliza perfiles genéticos para predecir la probabilidad de rasgos o enfermedades en futuros niños), aunque su precisión actual es cuestionable.
Si bien la tecnología está lejos de ser perfeccionada, los expertos advierten que las mejoras en la precisión en las próximas décadas harán que una gama más amplia de características sean objetivos viables para la selección. Esto plantea preocupaciones críticas sobre el acceso desigual y el refuerzo biológico de las desigualdades estructurales.
El alto costo de la ventaja genética
Tal como están las cosas, la selección poligénica de embriones probablemente seguirá siendo un lujo al alcance sólo de quienes puedan permitirse la fertilización in vitro (FIV). Un solo ciclo de FIV cuesta entre 15 000 y 20 000 dólares, y muchas parejas requieren múltiples intentos. El costo adicional del análisis genómico (entre 1.000 y 50.000 dólares por embrión) restringe aún más el acceso. El seguro médico público (como Medicaid) no cubre la FIV en absoluto.
Esta barrera económica por sí sola garantiza que los beneficios de la selección de embriones fluyan inicialmente hacia las poblaciones más ricas, ampliando potencialmente las brechas existentes en salud y oportunidades. La tecnología también es más eficaz en individuos de ascendencia europea debido al “problema de portabilidad” en el análisis genómico.
El riesgo de desigualdades arraigadas
Si no se regula, el acceso desigual a la selección de embriones podría crear una nueva fuente de desigualdad estructural genética. Por ejemplo, si la tecnología se vuelve más efectiva para ciertos grupos y lo es menos para otros (como los estadounidenses de las islas del Pacífico que ya enfrentan tasas más altas de enfermedades crónicas), podría conducir a un riesgo genético sistemáticamente mayor dentro de las comunidades marginadas.
De manera similar, en educación, si las familias más ricas utilizan la selección de embriones para reducir la probabilidad de problemas de aprendizaje en sus hijos, las disparidades educativas existentes podrían empeorar. Estas diferencias genéticas, ya sean reales o percibidas, podrían transmitirse a generaciones futuras y agravarse con el tiempo.
El poder de la percepción: mitos y realidad
Incluso una selección inexacta de embriones puede reforzar mitos dañinos sobre las diferencias genéticas entre grupos. Las personas pueden tratar a los niños nacidos a través de la tecnología de manera diferente, independientemente de si son objetivamente superiores. Esta percepción por sí sola podría justificar la discriminación basada en el origen genético.
El potencial positivo: reducir el sufrimiento humano
A pesar de los riesgos, la selección de embriones poligénicos también podría reducir el sufrimiento humano. Rasgos como el dolor crónico tienen un fuerte componente genético y una selección precisa podría ayudar a reducir las tasas futuras de enfermedades debilitantes. El desafío radica en determinar cuándo y para qué rasgos la tecnología es éticamente permisible.
En última instancia, el futuro de la selección de embriones depende de una regulación cuidadosa y un acceso equitativo. Si no se controla, se corre el riesgo de profundizar las desigualdades existentes y crear una nueva división genética.
La pregunta que surge no es si esta tecnología funcionará, sino quién se beneficiará y a qué costo para el resto de la sociedad.





























