Una oleada de inversión privada, encabezada por Schmidt Sciences del ex director ejecutivo de Google, Eric Schmidt, está preparada para hacer avanzar rápidamente la investigación astronómica con cuatro nuevos telescopios de vanguardia. La iniciativa (tres conjuntos terrestres y un observatorio espacial) marca un cambio notable hacia la ciencia a gran escala con financiación privada, lo que podría remodelar el futuro de los descubrimientos en este campo.
Una nueva era para la observación espacial
El componente más ambicioso del proyecto es Lazuli, un telescopio espacial diseñado para superar al Telescopio Espacial Hubble en un 70% en área de recolección. Si se lanza según lo previsto para 2029, se convertirá en el primer telescopio espacial de la historia con financiación totalmente privada. Esto es significativo: si bien las empresas espaciales comerciales han crecido, pocas han priorizado el avance científico puro hasta este punto.
Pete Klupar, director ejecutivo de Lazuli, afirma que el proyecto avanzará a un ritmo sin precedentes: “Lo haremos en tres años y lo haremos por un precio ridículamente bajo”. Esta velocidad es posible gracias a un proceso de toma de decisiones simplificado: Schmidt Sciences opera con un solo accionista, lo que elimina retrasos burocráticos.
Lazuli contará con un espejo de 3,1 metros, optimizado para observaciones en longitudes de onda ópticas y del infrarrojo cercano, y orbitará en una órbita de resonancia lunar rentable. Los instrumentos clave incluyen un generador de imágenes ópticas de campo amplio, un espectrógrafo de campo integral y un coronógrafo de alto contraste capaz de obtener imágenes directas de exoplanetas. Los científicos son optimistas de que Lazuli complementará el Telescopio Espacial Romano Nancy Grace de la NASA, acelerando la búsqueda de planetas similares a la Tierra alrededor de estrellas similares al Sol.
Capacidades de expansión de matrices terrestres
Además de Lazuli, Schmidt Sciences financia tres proyectos de telescopios terrestres:
- Argus Array: Operativo a partir de 2028, Argus examinará el cielo en luz visible utilizando 1200 telescopios de pequeña apertura, lo que en conjunto equivaldrá a un telescopio de 8 metros. Su enorme campo de visión de 8.000 grados cuadrados permitirá la observación en tiempo real de eventos transitorios.
- Deep Synoptic Array (DSA): El DSA, que se lanzará en Nevada en 2029, constará de 1.656 telescopios de 1,5 metros que abarcarán 20 kilómetros por 16 kilómetros. Este radiotelescopio escaneará el cielo en bandas de radio, revelando fuentes ocultas como centros de galaxias y agujeros negros.
- Telescopio espectroscópico de matriz de fibra grande (LFAST): Compuesto por 20 módulos escalables, LFAST funcionará como una instalación de seguimiento, mejorando las capacidades de estudio existentes. Su diseño innovador elimina costosas cúpulas mediante el uso de recintos cilíndricos individuales para cada módulo de telescopio.
Una respuesta a las prioridades cambiantes
El surgimiento del Sistema de Observatorio Schmidt se produce en un momento de creciente incertidumbre para la ciencia financiada por el gobierno. Los recortes de la administración Trump a los presupuestos y al personal científico han creado una brecha de financiación, lo que ha llevado a los inversores privados a intervenir.
Como afirmó Klupar: “Entre la congestión del espacio y el ajuste de los presupuestos gubernamentales, se forma una tormenta de posibilidades”. La agilidad y eficiencia del sector privado ofrecen una solución potencial, que promete ciclos de desarrollo más rápidos y costos reducidos.
Esta tendencia plantea interrogantes sobre el papel futuro de la financiación pública frente a la privada en los esfuerzos científicos a gran escala. Si bien Schmidt Sciences prioriza “la ciencia por la ciencia”, otras empresas comerciales en el espacio a menudo están impulsadas por fines de lucro o geopolíticos.
El experimento probará si un accionista único y decisivo puede realmente acelerar el descubrimiento y si este modelo puede ampliarse a otras disciplinas. El éxito o el fracaso del proyecto podrían remodelar el panorama del avance científico en las próximas décadas.
