Una nueva investigación realizada en Finlandia revela una correlación significativa entre infecciones graves (incluidas cistitis, neumonía e incluso caries) y un mayor riesgo de desarrollar demencia, a veces años después de la enfermedad inicial. Un estudio a gran escala que analizó los registros médicos de más de 375.000 personas de 65 años o más encontró que aquellos hospitalizados por estas infecciones tenían notablemente más probabilidades de ser diagnosticados con demencia en los siguientes seis años. Este hallazgo añade peso a la creciente comprensión de que la demencia puede no estar determinada únicamente por la genética o la edad, sino también por factores de riesgo prevenibles.
La conexión entre infección y deterioro cognitivo
El estudio, dirigido por Pyry Sipilä de la Universidad de Helsinki, analizó datos de 62.555 pacientes con demencia y los comparó con un grupo de control de 312.772 personas sin la afección. Los investigadores identificaron 29 condiciones de salud asociadas con un mayor riesgo de demencia, pero dos se destacaron: cistitis (una infección grave del tracto urinario) e infecciones bacterianas no especificadas. El vínculo era tan fuerte que incluso después de tener en cuenta otros factores contribuyentes como la diabetes, las infecciones siguieron siendo predictores importantes del deterioro cognitivo.
Este no es simplemente un vínculo de observación. La inflamación, una respuesta inmune natural a la infección, también es un componente clave en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. La inflamación inducida por infecciones puede alterar el sistema circulatorio del cerebro, causando potencialmente hemorragias microscópicas o permitiendo que toxinas dañinas pasen la barrera hematoencefálica. Este proceso podría acelerar el daño cognitivo.
Riesgo de infección y demencia de aparición temprana
El estudio también investigó la demencia de aparición temprana (diagnosticada antes de los 65 años). Si bien el traumatismo craneoencefálico y la enfermedad de Parkinson eran factores de riesgo importantes, ciertas infecciones estaban fuertemente asociadas con esta forma de la enfermedad: la gastroenteritis, la colitis, la neumonía, las caries y las infecciones bacterianas no especificadas duplicaban aproximadamente el riesgo. Las razones por las que algunas infecciones afectan más la demencia de inicio temprano que la demencia de inicio regular aún no están claras, pero es probable que la susceptibilidad genética y las diferentes vías causales influyan.
Qué significa esto para la prevención y el tratamiento
Si bien la investigación no prueba definitivamente la causalidad, sugiere que la prevención de infecciones podría ser una estrategia clave para reducir el riesgo de demencia. Expertos como Kuan-Ching Wu de la Universidad Emory enfatizan la naturaleza modificable de este riesgo. Los hallazgos subrayan la importancia de un tratamiento rápido y agresivo de las infecciones, especialmente en adultos mayores donde los síntomas pueden presentarse de manera atípica (p. ej., confusión en lugar del dolor típico).
Las medidas preventivas incluyen una hidratación adecuada para reducir las infecciones urinarias, un cuidado adecuado de la incontinencia y mantener una buena higiene dental. El estudio también refuerza los beneficios de las vacunas contra infecciones como el herpes zóster y la influenza, que anteriormente se habían relacionado con tasas más bajas de demencia.
“Este estudio de alta calidad, en línea con otras evidencias, el cronograma y la plausibilidad biológica lo hacen más probable”, dice Gill Livingston del University College London.
El siguiente paso del estudio deberían ser ensayos de intervención para confirmar si la prevención agresiva de infecciones puede retrasar o reducir la incidencia de la demencia. Sin embargo, la evidencia actual es alarmante y motivadora: la gestión proactiva de la salud puede tener un impacto significativo en la salud cognitiva en la vejez.




























