Pavel Stepanovich Mochalov no actuó como un técnico. Actuó como una fuerza de la naturaleza. Nacido en Moscú el 3 de noviembre de 1800 (15 de noviembre según el calendario moderno), se convirtió en el rostro del romanticismo ruso en el teatro. Murió joven, desplomándose en el escenario de Moscú el 16 de marzo de 1848, pero su sombra aún se extiende sobre la profesión.
Su arma secreta no fue el ensayo. Fue inspiración. Mochalov confió en la intuición para inyectar poder puro en sus actuaciones. Era una figura byroniana antes de que el término fuera realmente una herramienta de marketing para actores inquietantes.
El camino del prodigio
Su padre, Stepan Fedorovich Mochalov, ya era un actor destacado. Eso ayudó. También puso un listón muy alto. El joven Mochalov hizo su debut en 1817. El público lo amó de inmediato.
Sabía hacer comedia. Interpretó a Almaviva en El barbero de Sevilla de Pierre Beaumarchais. Estuvo bien. Pero no era su fuerte. Fue un trágico de principio a fin.
Lo aplastó en las obras de Friedrich Schiller. Don Carlos. Los Ladrones. Cábala y Amor. María Estuardo. Era dueño del escenario en estos roles. Pero su verdadero legado está ligado a Shakespeare.
La revolución del texto en inglés
Mochalov insistió en algo radical para su época. Exigió traducciones rusas de Shakespeare basadas en los textos originales en inglés. Antes que él, los actores utilizaron adaptaciones francesas. Esas versiones fueron cortadas, cambiadas y desinfectadas según los gustos locales.
Mochalov quería la verdad de la fuente. Jugó con los grandes bateadores.
- Ricardo III
- Otelo
- Rey Lear
- Coriolano
- Aldea
Aportó una intensidad a estas partes que nunca se había visto en Rusia. Estaba activo. Fue rotundo. Fue emotivo.
La gran rivalidad
La mayor parte de su carrera se desarrolló en el Teatro Maly de Moscú. Esto lo colocó en competencia directa con los mejores de San Petersburgo: Vasily Karatygin.
Karatygin (1802-1853) fue el contrapunto. Donde Mochalov era fuego, Karatygin era hielo. Karatygin fue técnico. Listo. Calculado. Utilizó efectos sutiles y estudiados.
Mochalov fue intuitivo. Temperamental. Derramó su energía en el momento. Si la inspiración estaba ahí, la actuación fue eléctrica. Si no, fracasó.
Esta rivalidad definió una generación. Ellos establecieron los límites. A partir de esta tensión, M.S. Shchepkin y P.M. Sadovsky sintetizaría más tarde las bases del realismo ruso. Se necesitaba tanto la pasión de Mochalov como la disciplina de Karatygin para seguir adelante.
El costo de la inspiración
Ser puramente intuitivo es arriesgado. El romanticismo de Mochalov hizo que sus actuaciones fueran desiguales. Confió en la energía del instante. Algunas noches se elevó. Otras noches, la chispa no se encendió.
No era un sistema fiable para una larga carrera. Era una llama brillante y fugaz.
























