Si bien muchos proyectos de criptomonedas se esfuerzan por distanciarse del consumo masivo de energía asociado con Bitcoin, una nueva investigación sugiere que las alternativas “verdes” pueden estar ocultando costos ambientales significativos. Un estudio reciente ha revelado que Chia Network, una alternativa criptográfica líder y ecológica, puede consumir hasta 18 veces más energía de lo que sus desarrolladores afirmaron inicialmente.
La mecánica de la minería “verde”
Para entender por qué existen estas discrepancias, es necesario observar cómo funcionan las diferentes cadenas de bloques:
- Prueba de trabajo (Bitcoin): Este método requiere enormes cantidades de potencia computacional para resolver complejos acertijos matemáticos. Este proceso consume mucha energía: Bitcoin consume aproximadamente 157 teravatios-hora al año, comparable al consumo de energía de Polonia.
- Prueba de espacio y tiempo (Chia): En lugar de potencia computacional bruta, Chia utiliza “trazado” y “cultivo”. Trazar implica el uso de procesadores y memoria para crear archivos de datos, mientras que cultivar implica almacenar esos datos en discos duros para proteger la red.
Al alejarse de los cálculos constantes y de alta intensidad, Chia se comercializó como una opción mucho más sostenible para la industria blockchain.
El eslabón perdido: el carbono incorporado
La discrepancia identificada por investigadores de la Escuela Superior de Informática y Tecnologías Digitales de Argelia se debe a un factor que a menudo se pasa por alto en las auditorías energéticas: las emisiones incorporadas.
Cuando Soraya Djerrab y su equipo realizaron su análisis utilizando vatímetros precisos, descubrieron que el verdadero impacto ambiental incluye no sólo la electricidad utilizada para hacer funcionar las máquinas, sino también la energía necesaria para fabricar el hardware en sí.
Los hallazgos clave del estudio incluyen:
- Degradación del hardware: La fase de “trazado” es extremadamente intensiva y desgasta las unidades de estado sólido (SSD) mucho más rápido de lo previsto. Los investigadores estiman que crear sólo 160 parcelas podría destruir un SSD nuevo.
- La brecha de carbono: Si bien Chia afirma tener una huella de carbono anual de 50.000 toneladas, el estudio sitúa la cifra real entre 0,584 y 1,402 millones de toneladas.
- Escala de impacto: Incluso en estos niveles más altos, Chia sigue consumiendo menos energía que Bitcoin, pero sus emisiones son dos órdenes de magnitud mayores que las de las cadenas de bloques convencionales como Ethereum.
“Se debe principalmente a las emisiones incorporadas”, explica Djerrab. “Para utilizar Chia, la gente tiene que comprar hardware. Cuando los compras, se utiliza energía para crearlos. Chia no incluyó esto cuando calcularon la energía utilizada”.
La defensa de la industria
Gene Hoffman, director ejecutivo de Chia Network, reconoce que las cifras de los investigadores “no son muy descabelladas”, pero sostiene que proporcionan una imagen incompleta del ciclo de vida de la red.
Hoffman sostiene que la etapa de “cultivo” de Chia en realidad promueve una economía circular mediante la utilización de discos duros viejos de centros de datos que de otro modo estarían destinados a los vertederos. Desde su punto de vista, la red da una segunda vida al hardware “desechado”, compensando así algunos de los costes medioambientales de la fabricación de nuevos dispositivos.
De cara al futuro, la empresa se está preparando para lanzar Proof of Space 2.0 en dos meses, una actualización de protocolo destinada a optimizar aún más la red y reducir sus emisiones generales.
Conclusión
El debate en torno a Chia destaca un desafío crítico para el futuro de las finanzas digitales: a medida que evoluciona la tecnología blockchain, la industria debe mirar más allá del simple consumo de electricidad y tener en cuenta el impacto total del ciclo de vida del hardware necesario para sostenerla.
