Cómo un bigote de gato y un cristal cambiaron la radio para siempre

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Nacido en Portland, Maine, en 1877, Greenleaf Whittier Pickard no se limitó a presenciar la revolución de la radio. Ayudó a construir sus cimientos. Murió en Newton, Massachusetts, en 1956, dejando un legado que convirtió la estática en habla y allanó el camino para la electrónica moderna.

Pickard era sobrino nieto del poeta John Greenleaf Whittier. Uno esperaría que ese tipo de herencia literaria condujera a alguien hacia las palabras. En cambio, Pickard fue a Harvard y al MIT. Eligió cables, ondas y las fuerzas invisibles que los transportan.

La primera voz inalámbrica

Era el año 1899. Pickard se encontraba en el Observatorio Blue Hills en Milton, Massachusetts. Estaba a punto de hacer algo que la mayoría de los científicos consideraron prematuro. Transmitió mensajes hablados por radio. A diez millas de distancia llegó la señal.

¿Cómo lo hizo? Usó un detector de acero al carbono. Este dispositivo recuperaba la señal audible impresa en las ondas portadoras de radiofrecuencia. Ya no se trataba sólo de puntos y rayas en código Morse. Fue un discurso real. Esto lo convirtió en uno de los primeros científicos en demostrar la transmisión electromagnética inalámbrica de la voz humana.

Él no se detuvo ahí. De 1902 a 1906, Pickard trabajó en la American Telephone and Telegraph Company (AT&T). Ayudó a desarrollar el radioteléfono. Luego se mudó a Wireless Specialty Apparatus Co., donde permaneció hasta 1930. Después de 1945, dirigió su propia empresa, Pickard and Burns. Pero su invento más famoso ya había nacido.

El bigote de gato que empezó todo

¿Qué es exactamente un detector de cristal? Es la respuesta a cómo los primeros oyentes de radio escuchaban sus estaciones favoritas sin enchufarse a un tomacorriente de pared.

Pickard descubrió algo extraño. Cuando un fino alambre metálico, un “bigote de gato”, tocó la superficie de ciertos cristales, ocurrió magia. En concreto, utilizó silicio. El contacto rectificaba y demodulaba corrientes alternas de alta frecuencia. ¿En términos sencillos? Convirtió el caótico revoltijo de ondas de radio en una señal clara que se podía escuchar.

Patentó este dispositivo en 1906. Se convirtió en el corazón de la radio de cristal. Estos receptores eran baratos, sencillos e increíblemente populares. No necesitaban pilas. Obtuvieron energía directamente del aire.

¿Por qué esto importa hoy? Porque ese rectificador de contacto puntual fue el precursor directo del transistor. Inventado en 1948, el transistor reemplazó a los voluminosos tubos de vacío. Impulsó la era digital. Sin el detector de cristales de Pickard, esa evolución podría haber sido muy diferente.

Por qué ganó el conjunto de cristales (brevemente)

Durante un tiempo, el detector de cristales fue el rey. Fue sencillo. Si pudieras encontrar un cristal que funcionara (y había cientos de candidatos) y ajustar el bigote de tu gato a la perfección, obtendrías una señal.

Pero luego vino el tubo de vacío triodo. Fue más fuerte. Era más confiable. Podría amplificar señales en lugar de simplemente demodularlas. El conjunto de cristales pasó a la historia.

Sin embargo, el principio permanece. La física básica con la que Pickard tropezó en un observatorio de Massachusetts sigue siendo la base de la tecnología de semiconductores. Cada vez que usas un teléfono inteligente, estás usando una variación del mismo cable.